Los
sistemas de numeración surgen ante la necesidad de representar números elevados
con la menor cantidad posible de símbolos y de poder operar con dichos números
de una manera sencilla y efectiva. El sistema de numeración que utilizamos en
la actualidad es el conocido como indo-arábigo, que está profundamente
enraizado en nuestra cultura occidental y que nos permite manejar números
extremadamente grandes y realizar cálculos muy complejos con gran facilidad. Su
potencia se basa en las dos propiedades fundamentales que lo caracterizan: el
principio posicional, en virtud del cual el valor que tiene una determinada
cifra depende de la posición que ocupe, y la existencia del concepto de cero,
como indicador de la nada.
El sistema indo-arábigo es relativamente reciente y surgió hace unos 1.500 años en el norte de la India, gracias al genio creador de los matemáticos y astrónomos hindúes, quienes llegaron de manera natural y empujados por la necesidad de abreviación de escritura al descubrimiento de los tres ingredientes fundamentales para el establecimiento del sistema de numeración moderno: la utilización de nueve símbolos gráficos diferenciados y desvinculados de cualquier intuición visual directa para representar las unidades; la utilización del principio posicional; y la utilización del cero para señalar la ausencia de las unidades de un cierto orden. Gracias a sus impulsos creadores, los hindúes alcanzaron, hace quince siglos, unas técnicas operacionales casi tan sencillas y rápidas como las técnicas actuales.
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